Mes: enero 2014

El cuerpo niega lo que las palabras afirman

Si las palabras afirman lo que el movimiento de nuestras manos niega, ¿a qué se le debería creer, a lo que estamos oyendo, o lo que ven nuestros ojos? ¿Esta falta de coherencia entre uno y otro generaría duda? ¿Confiaría en aquella persona que no se pone de acuerdo entre lo que dice y lo que su cuerpo expresa? ¿Y qué pasa con aquellas gesticulaciones que no parecen naturales?, como si hubiera estado practicando movimientos que alguien más le ha pedido que haga. ¿Qué pensaría de esa persona y del mensaje que le está transmitiendo?

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Los buenos oradores, no nacen se hacen, a través de la práctica, aprovechando cada oportunidad que se les presenta para hablar en público; es arriesgarse a hacer el ridículo, y aprender de los errores. Sin embargo, aprender cuando ya se está en una posición de reconocimiento no es fácil. La persona se somete al escrutinio público constante, y todos los errores se magnifican, comparados a los de una persona del común; es el precio de la visibilidad y del poder. Esta es una lección que en política se aprende tarde o temprano. Y es uno de los problemas a resolver del presidente Santos.

Lo anterior explica porqué cuando Santos habla tiende a no ser convincente. Independientemente de la situación o el escenario en el que se encuentre, la gente por lo general no encuentra sinceridad en su discurso, lo que muchas veces se traduce en  falta de credibilidad.

Para saber como gestionar la imagen personal de cualquier individuo, se debe tener en cuenta que ésta se compone de 3 niveles, la imagen externa, la expresión y la actitud. La imagen externa de Santos tiende a ser impecable. Ha sabido como vestirse de manera adecuada para cada evento al que asiste, y, su imagen es bastante llamativa cuando se arriesga a usar prendas de colores fuertes, que hace que proyecte una imagen más jovial y accesible (cualidades deseables también como candidato presidencial).

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¿Pero qué sucede con los niveles de expresión y actitud? A la fecha debemos reconocer que los esfuerzos del Presidente para superar su tartamudez son

positivos, y, aunque a veces hace pausas un poco prolongadas, las palabras no se cortan, ni se repiten, las oraciones fluyen. Haber superado este problema es una gran triunfo, producto de un trabajo arduo por parte de Santos .

Ahora bien, en lo que a su expresión se refiere, este continua siendo un tema que se debe trabajar. Desde su época de Ministro Santos contrató al cubano Aydel Quintero Díaz, experto en comunicaciones de alto nivel ante audiencias y medios, para que lo ayudara con los diferentes aspectos de la comunicación no verbal. Y ya desde hace un poco más de 4 años se han visto los resultados de su labor; la mejoría en su postura, expresión facial, gesticulación y manejo de los espacios. Sin embargo hay algo que sigue faltando, pareciera que el proceso de interiorizar y hacer suyas las técnicas aprendidas no se ha dado, razón por la cual sus movimientos no parecen naturales, y por ende el discurso se ve afectado. Es por esta razón que cuando el Presidente habla -especialmente en los discursos televisados preparados por sus asesores- el mensaje no se trasmite adecuadamente, y puede llegar a generar desconfianza en el interlocutor.

La próxima vez que vea una alocución del Presidente preste atención a sus manos, podrá detectar que los movimientos parecen ensayados y poco naturales. Cuando el discurso es preparado por alguien más, y Santos no tiene total convencimiento sobre las palabras que está leyendo el cuerpo lo manifiesta de manera inmediata. A manera ilustrativa, lo afirmado anteriormente se puede apreciar con facilidad en esta alocución del 20 de noviembre de 2013. Preste atención a la gesticulación de las manos cuando pronuncia la frase para terminar la tarea. En los primeros 5 minutos del discurso esas palabras las repite 3 veces más, y el movimiento es el mismo; esto es un claro ejemplo de un gesto aprendido, pero no interiorizado, la mano hace un movimiento que el resto del cuerpo no acompaña. Igual pasa con la frase esa es la verdad, el gesto que le han enseñado lo tiene que pensar, y esas milésimas de segundos entre que las palabras salen de su boca, el cerebro hace el proceso de recordar el movimiento y manda la orden para que la mano efectivamente se mueva, evidencian que el gesto en sí no es natural.  (http://www.youtube.com/watch?v=s_d7SScVAaU)

Quienes lo asesoran deben seguir trabajando con insistencia en lo relacionado a la comunicación no verbal, especialmente en época de campaña, donde el candidato Santos se verá expuesto con mayor frecuencia a situaciones donde lo que diga puede influenciar un voto, o perderlo definitivamente.

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¿Santos o no Santos?

Este domingo 26 de enero el Partido Conservador se la juega toda. Tendrá que definir lo que lleva dilatando desde hace un año:  respaldar o no la reelección del presidente Juan Manuel Santos. La disyuntiva no es fácil: optar por lo más eficiente en términos de estrategia, o darle prioridad a su ideología contribuyendo a su credibilidad como partido autónomo.  A final de cuentas, pareciera que lo que hay que ganar es poco y lo que tienen que perder es mucho.

¿Qué está en juego? Por un lado, la posible pérdida de autoridad y participación dentro de la coalición que gobierna a Colombia; y por el otro, la convicción del partido sobre ciertos temas en los que discrepa con el Gobierno –como el proceso de paz-, legitimando su ideología y visión de partido a futuro.

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Fuente de la foto: Revista Semana

Por eso decidimos poner las cartas sobre la mesa y analizar cada uno de los factores que aquejan a esta importante organización, para entender realmente qué es lo que tienen que perder –o ganar- si se suben o no al carro de la reelección:

“Sánduche” de la polarización

Si bien en la actualidad el conservatismo es el segundo partido con más representantes en el Congreso de la República, así como una pieza importante en la coalición de Gobierno, también es cierto que fue uno de los apoyos más significativos de Uribe en su época.  De hecho en 2006, el partido apoyó su reelección, convirtiéndose en la segunda organización política más grande de la coalición, lo que indudablemente fue una estrategia ganadora.

Ahora, a pesar de seguir siendo parte de la Unidad Nacional, los dirigentes políticos conservadores han manifestado constantemente su desacuerdo con la gestión del Presidente en lo referente al Proceso de Paz. Los bandos ya se han formado, generando una sensación de que quienes apoyan a Santos apuestan por el Proceso de Paz. ¿Se podría decir entonces, que quienes quieren candidato propio no creen en el proceso?

Foto sacada de revista Semana http://www.semana.com/nacion/articulo/partido-conservador-elecciones-2014-santos-uribe/364067-3

A esto habría que sumarle que la balanza parece haberse inclinado hacia la reelección: no solo La Silla Vacía denunció una presunta intervención por parte del Presidente a los resultados de votación en la convención; sino además, el Partido Conservador de Antioquia anunció su apoyo definitivo al Presidente. ¿Estará ya pactada la votación?

En este orden de ideas, lo que les queda de consuelo a las bases –que sí quieren candidato propio—es que las cabezas del Partido están con ellos.

Sin embargo, la gran élite parlamentaria no, y no es ningún secreto que la interlocución del gobierno se hará directamente con la bancada del Congreso.

“Presunta” pérdida de participación política

El creciente descontento que se ha generado entre los azules con el gobierno del Presidente Santos no es un secreto. Los conservadores sienten que no han sido tratados justamente en términos de burocracia; y ninguno ha callado su decepción, incluso desde el momento en que Santos anunció su equipo para el Proceso de Paz -y no nombró a ningún conservador- hasta el anuncio de su equipo de reelección.

A esto los conservadores le han llamado un tratamiento “de tercera” y la carta que envió la precandidata Marta Lucía Ramírez a Efraín Cepeda lo demuestra. En ella insistió que el Partido debía salirse de la Unidad Nacional para comenzar un nuevo proyecto con un candidato propio “principalmente porque la alianza electoral con el Presidente no incluye a los conservadores” y que si eso no es razón suficiente, lo hagan porque no es coherente apoyar a un Jefe de Estado que “ha recibido apoyo de las FARC”, una clara alusión a los diálogos en la Habana.

Ideología vs. lo estratégicamente conveniente

Los referentes a ideología siempre son un tema de fondo. Para muchos de sus dirigentes, el objetivo es devolverle al partido la autonomía y autoridad política de la que gozó hace un tiempo. Esto significa ser fieles a sus convicciones, tener una carta política clara y unas bases que la apoyen y la promulguen con convicción. Esto significa no ceder en temas que son cruciales para ellos –como el proceso de paz y la reelección. Además, le devolverían al partido cierta legitimidad y –tal vez- empezaría a mermar la idea de muchos colombianos de que los partidos de este país solo se juntan y se separan para ver quién se queda con el pedazo más grande de la torta.

Entonces, ¿qué pasa si votan por un candidato propio?

Ahora bien, si este domingo los conservadores deciden ser fieles a su convicción de partido, de realmente representar los intereses de una colectividad siendo leales a su carta política optando por un candidato propio, probablemente fortalecerían sus bases y entrarían a competir con una posición de mayor protagonismo creándole al Presidente una oposición importante (2.000.000 de votos) durante las elecciones, y en caso de que entraran apoyar al Centro Democrático, una muy importante en el Congreso.

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Mientras tanto, si se suman al carro de la reelección, mantendrían unidos y fortalecidos a sus alfiles en el Congreso, permanecerían dentro de la coalición que gobierna a Colombia –al final es mejor jugar con los populares que estar sentados en el banquillo—y, permanecerían en la coalición que gobierna el país. Al final es un tema de ideología o estrategia política.

En Politiqueando creemos que las fichas están dadas y el partido Conservador se unirá a la ola de apoyo del presidente Santos.

Fuente de la foto: Revista Semana

Buscando a Kennedy

“It was the TV more than anything else that turned the tide.”

Jhon F. Kennedy Noviembre 12, 1960.

 

El año es 1960, la imagen de un candidato seguro, relajado y aplomado, tuvo más peso en la mente de 80 millones de votantes, que las palabras acertadas y certeras de su contrincante, favorito hasta el momento para ser el siguiente presidente de los Estados Unidos y quien proyectaba una imagen frágil y enfermiza. Estamos hablando del histórico debate entre Jhon F. Kennedy y Richard Nixon, que cambió la forma de hacer política no solo entre los norteamericanos sino en el mundo entero.

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 Los acontecimientos que siguieron a ese primer debate son prueba fehaciente de la veracidad de aquellos refranes que oímos con frecuencia, en donde se afirma que una imagen vale más que mil palabras y que no hay segundas oportunidades para primeras impresiones. En los 3 debates posteriores a aquel primer encuentro entre Nixon y Kennedy, mostraron al candidato del partido republicano con un mejor semblante, proyectando una imagen más segura y saludable. Sin embargo, estos esfuerzos no fueron suficientes para borrar de la mente del electorado la impresión causada durante el primer debate. El 12 de noviembre de 1960, cuatro días después de ser Kennedy elegido como presidente, pronunció estas palabras, “Fue la televisión, más que cualquier otra cosa, lo que cambió la corriente.”

 Han pasado más de 50 años desde ese momento, y aunque en el resto del mundo el tema de la imagen de los personajes políticos tiene una relevancia importante dentro de las estrategias de campaña, en Colombia el tema sigue siendo una novedad.

 Lastimosamente la imagen personal del candidato no parece tener la suficiente relevancia dentro de las campañas al momento de trazar las estrategias. El tema va más allá de cuál es la corbata adecuada, o si el evento la requiere o no. Se trata de que el candidato proyecte, en todo momento, por medio de su imagen y de su expresión los valores e ideales que se promueven en la campaña; que en teoría son un reflejo de quién es. Si el candidato no convence, la campaña no es exitosa.

 El hecho de estar calificado para ejercer el cargo, y de tener propuestas viables para resolver los problemas del país, son los requisitos básicos para que una persona aspire a un cargo de elección popular; este es el punto de partida de toda persona. El quid del asunto está en si el electorado cree que el candidato cuenta con las aptitudes para efectivamente ejecutar y cumplir las propuestas y promesas de la campaña, en otras palabras, si las cualidades de imagen personales del aspirante convencen a los votantes sobre la calidad de mandatario que este podría llegar a ser. 

 ¿El candidato transmite confianza?, ¿puede soportar las duras exigencias del cargo al que aspira?, ¿está abierto al dialogo y a nuevas propuestas? Estas son algunas de las preguntas a las que se puede dar respuesta sin necesidad de pronunciar una sola palabra; todo está en la imagen que proyecte el candidato. Es por esta razón que creemos de vital importancia que los jefes de campaña provean a quienes los contrataron, de todas las herramientas existentes para que el candidato se aproxime más al cargo al que aspira.

 El panorama dentro de la política colombiana actual nos presenta a muchos Nixon, y no es evidente quién es Kennedy. Fue una imagen lo que cambió las reglas del juego de campaña para los norteamericanos en los 60´s, ¿por qué no experimentar y ver qué efectos podría tener esa misma apuesta sobre la imagen de los candidatos colombianos en las elecciones del 2014?

             

Comenzó la partida…

Hora de empezar a destapar las cartas, se acercan las elecciones presidenciales y es el momento para a hacer las apuestas por los candidatos que hacen parte de la contienda. A escasos meses de que los colombianos se acerquen a las urnas para elegir al siguiente mandatario que nos guiará por los próximos cuatro años, se empieza a fraguar el entorno y panorama político que determinará quién ocupará la silla en la Casa de Nariño. Si algo han demostrado estas primeras semanas del 2014 es que la competencia será intensa y ardua. Además, a pesar de que la comunicación de campaña parece estar cantada, se entrelazan varios factores de coyuntura que serán determinantes en los resultados de los comicios de mayo.

Estamos empezando la carrera, y todavía hay espacio para muchas sorpresas, mientras tanto así vemos las cosas:

Los candidatos

 El Presidente

Juan Manuel SantosA la fecha, el favorito de los colombianos. Si bien enfrentó una importante caída en su índice de favorabilidad como consecuencia del paro agrario en el último semestre de 2013 (entre otros factores), el gobierno se ha encargado de comunicar con vehemencia sus principales logros: una reducción importante en la tasa de desempleo ahora en 8,5; y una disminución en la inflación, que según cifras del Dane, fue de 1,94% en 2013, la más baja en los últimos 50 años del país.

Oscar Iván Zuluaga

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Aunque a la fecha parece ser el que le dará la batalla al Presidente, su  índice de intención de voto en las últimas encuestas realizadas por Gallup en diciembre de 2013, es del 13,6%. Zuluaga, fiel escudero del expresidente Álvaro Uribe y oriundo de Caldas, representa la fuerza de oposición más grande del gobierno de Santos y promesa del retorno de la Seguridad Democrática a un país en pleno proceso de paz.

El mayor problema que enfrenta OIZ es que aún no goza de un reconocimiento público que logre darle el empujón que necesita para realmente impulsar su candidatura. Además, sufre de lo mismo que en 2010 impulsó a Santos y hoy en día parece ser un arma de doble filo: no se sabe dónde empieza Zuluaga y donde acaba Uribe.

Partido Verde

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Logrando levantar el ánimo de miles de jóvenes colombianos tras una “Ola Verde” hace cuatro años, el Partido

Verde se encuentra profundamente dividido entre la salida de Antans Mockus, el distanciamiento de Sergio Fajardo y la Alianza con los Progresistas. No obstante, el partido sigue teniendo una representación importante en ambas cámaras.

Enrique Peñalosa. Si bien ya ganó un primer pulso en la Alianza Verde al lograr que las directivas aceptaran la posibilidad de una consulta interna, no ha descartado públicamente la posibilidad de que también aspire a la silla en el Palacio Liévano. Si entra en la contienda presidencial tendrá que competir con Camilo Romero, Feliciano Valencia, Ingrid Betancourt y John Sudarsky.

Clara López

Clara López

En la pasada encuesta del Centro Nacional de Consultoría, su índice de intención de voto se encontraba en el 7%. Aunque con pocas posibilidades de crear una candidatura de oposición importante –a no ser de que se forje una alianza de izquierdas—su mayor arma es la oposición que puede implementar –y cuya estrategia comienza a dilucidarse—en materia de comunicación durante la contienda electoral.

Martha Lucía Ramírez

Marta Lucía Ramírez

El Partido Conservador hasta ahora no ha definido cómo va a participar en los comicios de mayo y a la fecha solo existe una precandidata, MLR. La lucha entre quienes están con el Presidente, quienes se alinean con el Centro Democrático de Uribe y quienes quieren presentar un candidato propio, amenazan la unión del partido y por tanto, su participación en las elecciones.

La comunicación

Cuando en una contienda electoral uno de los candidatos es el Presidente electo, la comunicación de campaña tiende a estar pactada: el Gobierno se encarga de cantar sus logros y la oposición de minimizarlos y cuestionarlos. En esta ocasión las reglas parecen mantenerse. La campaña del Presidente de la República –así como la de su oposición- no tomaron vacaciones. En contadas ocasiones, la Casa de Nariño comunicó los resultados en la reducción de la pobreza, disminución de la violencia en varios Municipios del país y la baja tasa de inflación.

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Mientras tanto, la oposición –tanto de la izquierda como de la derecha- ha hecho del tema de las garantías su principal crítica. Por un lado, el Centro Democrático, continua luchado con las autoridades electorales para lograr hacer del “Uribismo” una palabra aceptable en el tarjetón de votación con foto y nombre de su líder.  Paralelamente, la izquierda inició el año haciendo críticas contra el Consejo Nacional Electoral (CNE) por no haber girado el dinero de los anticipos para la campaña. Clara López se ha centrado en recalcar las “contradicciones entre el discurso oficial y la realidad nacional” pues para el Polo Democrático el entusiasmo con que el Gobierno ha promocionado sus logros en disminución de la pobreza ignora mucho de la realidad: “Las cifras de Santos y Uribe son todas falsos positivos mediáticos”.

¿Qué viene?

¿Qué podemos esperar en materia de comunicación en estas elecciones? Un Presidente buscando acercarse más al pueblo, (sobre todo teniendo en cuenta que su mayor oposición viene del expresidente más carismático y de los más queridos en la historia de Colombia); a un Oscar Iván Zuluaga cuestionando los procesos, garantías y participación de las FARC en el proceso de Paz; y a una izquierda rezagada cuya posibilidad de unión para crear un solo frente parece un espejismo –a no ser de que encuentren en la destitución de Gustavo Petro una defensa común.

En el caso del Centro Democrático no cabe dudas de que la estrategia de campaña se centrará en la memoria histórica: recordarle a los colombianos la tranquilidad resultada de la Política de Seguridad Democrática (PSD) y la mano fuerte. Teniendo en cuenta que la mitad de la población apoya un proceso de paz, Oscar Iván Zuluaga tendrá que exponer su posición de mano dura bajo el paraguas de la PSD, afirmando que no está en desacuerdo con un proceso de paz, sino con un cambio en las condiciones del proceso. Entre menos tenga que debatir sobre el proceso de paz, mejor.

Adicionalmente, vale la pena recalcar que el Presidente tiene 10 días hábiles para emitir el decreto que avale la destitución del Alcalde de Bogotá,  situación que afectará de manera directa a las elecciones presidenciales -sobre todo al Presidente-, ya sea porque los que apoyen a Petro condenen su intervención, porque le toque enfrentar las elecciones con una capital sin cabeza, o porque su (obligatoria) participación en el proceso de destitución y denominación de un reemplazo envalentone a la izquierda con la formación de un solo frente, y por tanto, una oposición más fuerte.

El término que tiene el mandatario para pronunciarse sobre el futuro de Petro viene acompañado de dos pequeñas trampas, en el plano nacional se está a la espera de la respuesta judicial ante las múltiples tutelas interpuestas por los ciudadanos que pretenden defender su derecho de voto y los derechos políticos del Alcalde. Sumado a que en el plano internacional la Comisión Interamericana de Derechos Humanos también ha de pronunciarse sobre las medidas cautelares que se deben aplicar al fallo de la Procuraduría. Todo lo anterior tendrá una repercusión importantísima en las elecciones presidenciales, especialmente cuando la destitución llega en medio de un pulso entre el Gobierno y el Procurador. A esto habría que agregarle que Ordoñez se ha convertido en uno de los más influyentes críticos del proceso de Paz, la principal bandera de campaña del Presidente.

A final de cuentas, pase lo que pase con Petro, Santos y sus asesores tendrán que tratar la situación con pinzas, puesto que la decisión del Procurador ha desatado una fuerte polémica en la capital, donde parte de la ciudadanía a respondido a las convocatorias hechas por el Alcalde en la Plaza de Bolívar. Y  ¿para qué decirnos mentiras? El fuerte de Santos no es lidiar con los ciudadanos en la calle, como ya lo ha demostrado en ocasiones anteriores.

¡Nace Politiqueando!

Politiqueando

¡Tenemos ganas de expresar nuestras ideas! ¿Sobre qué en particular? La política colombiana, ¡nos apasiona!

En este país pasan tantas cosas en un solo día, que los temas para opinar parecen no tener fin. Este espacio esta concebido para que las conjeturas, frustraciones, sorpresas, iras y demás sentimientos que nos producen los eventos diarios de la política de nuestro país salgan de las salas de nuestras casas, dejen de aparecer únicamente en los cafés de nuestras ciudades, y pasen a tener sentido, a tener un propósito, que cobren vida y aporten a nuestra sociedad.

Además, estamos en año de elecciones y el panorama político apenas se está esclareciendo. Cámara, Senado, Parlamento Andino, Presidenciales y probablemente Alcaldía de Bogotá. Las fichas parecen estar por fin cayendo en sus posiciones definitivas, pero quién sabe, hasta finales de enero, ¡todavía se pueden presentar sorpresas! Este será el tema, el eje central del blog, por lo menos hasta el 25 de mayo de este año, de ahí en adelante nos ocuparemos de lo demás.

Los queremos invitar a que nos escriban igualmente. La opinión de ustedes, especialmente la de los jóvenes colombianos -en su mayoría apáticos y un poco ajenos a los temas políticos- son relevantes. No es un cliché, es una realidad afirmar que el futuro de este país nos pertenece, es hora de que empecemos a entender de dónde venimos, y qué está pasando actualmente, para poder empezar a dilucidar qué nos depara el futuro. Y así poder decidir, ¿queremos el futuro que nos están construyendo, o preferimos empezar a intervenir para construir el futuro que consideramos merecer?

Esperamos que les gusten los artículos, y si no están de acuerdo, por favor, háganoslo saber. Garantizamos que nuestras opiniones siempre estarán basadas en investigaciones y argumentos válidos, pero no todos tenemos que pensar igual. En la heterogeneidad encontramos la verdad.

¡Bienvenidos!