Mes: febrero 2014

El Paradigma de Juan Manuel Santos

Diez muertos, innumerables marchas en las principales ciudades, decenas de heridos, una inflación del 56,3% y una escasez del 28% invaden Venezuela mientras que en Colombia reina el silencio…

Opposition supporters demonstrate against Venezuela's President Nicolas Maduro's government in Caracas

La política está llena de paradigmas, contradicciones, encrucijadas y vías cerradas, pero no existe un factor más definitivo en la carrera de un político (o de un Presidente) que una crisis. Son las crisis las que ponen los ojos de la sociedad y del mundo en ellos. Son éstas las que se encargan de definir el potencial de Comandante en Jefe que tienen los candidatos, y las que ponen en evidencia su capacidad de reacción, empatía y gestión de respuesta. ¿Pero qué pasa cuando tenemos candidatos Presidentes?, ¿cuando su aspiración electoral entorpece su rol de líder?

El contexto lo puede ser todo en unas elecciones presidenciales y las crisis se convierten en el factor determinante en la construcción de la narrativa de los políticos. Por ejemplo, ¿habría tenido Bush hijo un segundo mandato asegurado si no hubiese sido por su rechazo inmediato al terrorismo y acompañamiento a las familias de las víctimas en el 11S?, o ¿la victoria de Barack Obama en las últimas elecciones presidenciales de no ser por su gestión durante y después de la devastación provocada por el Huracán Sandy?

Las crisis son clave gracias al alto factor emocional que comprenden. Es esto lo que realmente añade valor a sus respuestas. Para un ciudadano ver a sus líderes con las mangas remangadas hasta los codos y las botas llenas de lodo recogiendo escombros y ayudando a las víctimas, no tiene precio: lo humaniza y lo acerca a sus ciudadanos, creando una conexión emocional imprescindible para cualquier aspiración política.

Por esta razón, la falta de involucramiento del presidente Santos en la actual crisis de Venezuela desatada por las marchas de los estudiantes del 12 de febrero podría convertirse en una piedra en el zapato. Día a día los colombianos comparten videos, fotos, artículos y statements de compañeros venezolanos mostrando el repudio a la censura, la violación de los derechos humanos y la precaria situación que se vive actualmente en el vecino país.

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Mientras tanto, nuestro Presidente decidió mantenerse durante largo tiempo en la sombra… No fue sino hasta hace ocho días que hizo un llamado al diálogo entre el Gobierno y la oposición de Venezuela afirmando que estaba dispuesto a contribuir en cualquier acción que permitiera restablecer la estabilidad del país: “instamos al Gobierno y a la oposición a que dialoguen sin mirar para atrás y para que pueda haber un mínimo de reconciliación política…”. Si bien su intervención fue una táctica estratégicamente acertada –como candidato-, la situación necesita mucho más que un par de palabras políticamente correctas. La crisis en Venezuela requiere de acciones y liderazgo y sus palabras –como Presidente- no son suficientes.

De esta estrategia se entiende que salir a arremeter en contra del presidente Maduro significa poner en riesgo la bandera de su campaña: el Proceso de Paz, pero no hacerlo lleva a la gente a cuestionar ese factor emocional y humano tan importante para los ciudadanos –y determinante a la hora de votar. (El voto es una decisión completamente emocional)-. En materia electoral, tomar una política mucho más agresiva frente a la situación de Venezuela podría sumarse en votos para el candidato, votos de ciudadanos colombianos que llevan criticando con vehemencia al gobierno venezolano.

No obstante, no comparecer, no rechazar o no criticar el gobierno de Maduro es sin lugar a dudas, la estrategia más acertada para el Santos que quiere la reelección; es el camino fácil, es opinar sin señalar, comentar pero no involucrarse. Pero, ¿qué pasa cuando ya no estamos hablando de estrategias sino de seres humanos? Finalmente, el Santos presidente vendrá después del Santos candidato y ¿qué está comunicando el silencio del Presidente a los colombianos?

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Asimismo, los candidatos de la oposición han aprovechado el conflicto en Venezuela como una estrategia de campaña: el Polo mandó un comunicado de prensa apoyando al gobierno de Maduro y el ex presidente Uribe ha rechazado públicamente la gestión del presidente venezolano, incluso instando a los colombianos a conseguir un millón de firmas para apoyar a la oposición en Venezuela.

La situación ya es insostenible: o se instaura el modelo Castro-cubano, mediante el cual no quedarían rastros de las libertades ni garantías a los derechos humanos, o cae el gobierno de Maduro. En cualquier caso la situación es una bomba de tiempo, una que obligará a Santos a hablar; ya sea porque la oposición se lo exija, los colombianos lo pidan o la situación en Venezuela lo demande. Entre más tiempo se demore en comunicar de forma clara la posición de Colombia frente a los hechos que se están viviendo en Venezuela, menos actitudes de líder tendrá. En los momentos de crisis el timing lo es todo, y al cauteloso del candidato Santos ya se le hizo tarde.

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La tercera opción

Esta semana será definitiva para la candidata presidencial Marta Lucía Ramírez. En declaraciones recientes su abogado, Camilo Obregón, ha dicho que el Consejo Nacional Electoral no tiene competencia para impugnar el aval otorgado por la Convención del Partido Conservador a Ramírez, ya que sí se cumplieron todas las garantías requeridas para la elección de la exministra. Sin embargo, la ponencia por parte del magistrado Joaquín José Vives se presentará este miércoles, y para finales de la semana muy probablemente se tomará una decisión con respecto a la viabilidad de su candidatura.

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 Así las cosas, ¿qué implicaciones tendría para el electorado y para los demás contendores, la salida de la exministra de la carrera por la presidencia? Marta Lucía Ramírez es probablemente la persona que podría sacudir el escenario que se ha venido fraguando a la fecha, en el que se ha predecido que Juan Manuel Santos sería el  Presidente para el periodo 2014- 2018.

Por un lado, de las tres mujeres que aspiran llegar a la Casa de Nariño, según la última encuesta hecha por Gallup, Marta Lucía Ramírez cuenta con una intención de voto del 8.5%, y una imagen de favorabilidad del 38,1%; por su parte, Clara López  tiene una intención de voto del 4,5%, y su imagen de favorabilidad es del 37,4%; y Aida Abella, quien a comparación de las otras dos candidatas va más abajo, cuenta con una intención de voto del 1,6% y una imagen de favorabilidad del 11,5%. Es decir, a la fecha Ramírez es la única de las mujeres de la contienda que puede dar una pelea en los comicios de mayo.

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Adicionalmente, los uribistas, que tanta atención le prestaron a la Convención Conservadora, y que no tardaron en felicitar al partido por haber escogido un candidato propio, ya han manifestado públicamente su intención de hacer alianzas con Ramírez, así ella haya declarado que no tiene interés en hacer pactos con personas ajenas a su partido, por lo menos no en la primera vuelta. Francisco Santos se ha ofrecido para ser su fórmula vicepresidencial; y Oscar Iván Zuluaga –cuya candidatura preocupa cada vez más al Centro Democrático- ha dicho que no descarta una unión futura con la candidata. Es decir, para quienes apoyan al expresidente Uribe la presencia de Marta Lucía Ramírez en la carrera a la Presidencia podría ser el comodín que “salve la patria” si Zuluaga definitivamente no despega después de las elecciones parlamentarias.

Con respecto a la situación de los verdes, la encuesta de Gallup posiciona a Enrique Peñalosa como el tercer posible rival de Santos, con una intención de voto del 8,6% (diferencia de un 0.1 porcentual con respecto a la intención de voto que tiene Ramírez). Sin embargo las declaraciones recientes de Peñalosa pidiendo la revocatoria del mandato del alcalde Gustavo Petro, en contradicción a la posición del partido que ha manifestado su apoyo hacia la continuidad de la labor del Alcalde, han hecho que Daniel García – codirector de la Alianza Verde- haya pedido que el partido retire su apoyo a Peñalosa como candidato presidencial. Así las cosas, esta semana los sufragantes pueden perder a dos de los candidatos, que aparte de Oscar Iván Zuluaga, podrían llevar a Juan Manuel Santos a una segunda vuelta. Las opciones se limitan considerablemente para los colombianos que no quieren más de lo mismo; no desean votar por la reelección, y tampoco quieren a Uribe-Zuluaga en el poder.

El último punto a considerar son las implicaciones que tiene para el Partido Conservador quedarse sin candidato. ¿Qué futuro les espera en el siguiente gobierno? ¿De ganar Santos, este les perdonaría su falta de apoyo durante la Convención Conservadora? ¿Y si gana Zuluaga, a este le convendría hacer alianzas con un partido que muestra una clara inestabilidad tanto en sus dirigentes como de sus bases? ¿Cuál es realmente el futuro que le espera a los conservadores?

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Esta etapa previa a las elecciones ha sido una lucha de todos contra todos. Nada está escrito en piedra, las fichas no han terminado de posicionarse en el tablero, y lo que hoy parece claro para muchos, puede cambiar de forma dramática después de las elecciones parlamentarias. Esto, claro está, si dejan que personas como Marta Lucía Ramírez continúe en la carrera por la Presidencia. De eliminarse esas terceras opciones, que tienen la posibilidad de convertirse en game changers, la ilusión de la posibilidad de cambio durante estas elecciones se pierde ¿Porque matar tempranamente la ilusión de que los peones también se pueden convertir en reyes.

El alfil de Santos

En época electoral hay ciertos hitos de campaña que son definitivos para los candidatos y sus estrategias: el lanzamiento de campaña, la elección de fórmula vicepresidencial y la apertura de la publicidad en campaña. En Colombia existe la concepción popular de que la elección de vicepresidente tiene poco impacto en la suerte electoral de un candidato. Sin embargo, ésta demuestra ser fundamental en la carrera por la silla en la Casa de Nariño y está determinada por el contexto que se viva en el país.

Definir quién será su compañero de campaña es una de las decisiones estratégicas más importantes que deberá tomar el candidato presidencial. Su decisión podría influir sobre los indecisos, mitigar ruidos mediáticos, reiterar políticas de campaña e incluso, hacerle guiños a ciertos segmentos del electorado: mujeres, jóvenes, empresarios, religiosos, etc.

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Pero el contexto también lo es todo en la decisión: la situación que se viva en ese momento en el país es definitiva para el candidato. Por ejemplo, en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses, el entonces candidato por el partido republicano, Mitt Romney, nombró como fórmula vicepresidencial a Paul Ryan, un Representante a la Cámara conocido por sus drásticos recortes fiscales. Sin duda alguna, un movimiento estratégico acertado teniendo en cuenta que una de las mayores críticas del gobierno de Obama fue el exceso – sino derroche- del gasto federal y consecuente impacto en la deuda pública.

Otro claro ejemplo fue el de Sarah Palin en las elecciones de 2008. Varios asesores le insistieron a John McCain que eligiera a Palin como compañera electoral con el argumento de que su presencia daría un impulso en la derecha religiosa, mientras que su estatus de desconocida en la escena política nacional le daría una sensación de novedad y frescura a una campaña con una imagen retrógrada y bastante conservadora. Además, con Palin, el partido republicano podría acercarse a un segmento de la población estadounidense que en general ha tenido la tendencia de votar por el partido Demócrata: las mujeres.

En Colombia no ha sido distinto. En el 2002 el entonces candidato presidencial, Álvaro Uribe Vélez, nombró al periodista Francisco Santos como candidato vicepresidencial. En ese entonces, la mayor preocupación para los colombianos era la derrota de la guerrilla, la recuperación de la seguridad y la lucha contra el secuestro, uno de los flagelos de guerra que más indignación ha despertado en la historia del país. Al nombrar a Francisco Santos, víctima de un secuestro, periodista, defensor de las libertades civiles y en ese entonces, presidente de la Fundación País Libre, Uribe ratificó, por un lado, la bandera de su campaña -la Política de Seguridad Democrática-; y por el otro, logró neutralizar las prevenciones de algunos sectores sobre la a imagen de mano dura de Uribe.

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Ahora bien, en el último mes se ha venido especulando quién podría ser la elección de Santos para vicepresidente. Dos nombres de alto nivel han resonado en los principales medios de comunicación y círculos políticos: el exministro German Vargas Lleras y el ex Director de la Policía Nacional, Oscar Naranjo. La decisión para Santos es clave. Según la encuesta de la Alianza de medios, la intención de voto para la reelección del Presidente está en 25%. Acertar en la elección de su compañero en la contienda puede ser definitivo para elevar ese indicador.

Los pros y los contras

Oscar Naranjo. Tal vez el mayor atributo que tiene Naranjo es su conocimiento y experiencia en temas de seguridad y de desarme, que indudablemente serán claves durante la etapa final del Proceso de Paz, y la primera del postconflicto. Asimismo, tenerlo a él en el equipo ayudará a Santos a contrarrestar los argumentos de quienes ponen en duda su mano firme con la guerrilla, sobre todo con lo que tiene que ver con las garantías para las víctimas y la seguridad en general. Además, el “Mejor policía del mundo” goza de una muy buena imagen –incluso mucho mejor que la del Presidente- a nivel nacional. No obstante, la popularidad de la imagen de Naranjo no se traduce en votos.

German Vargas Lleras. Vargas Lleras, por su parte, sí suma votos. No solo es considerado el mejor ministro que tuvo esta administración, también, es reconocido por su gran habilidad en gerencia y ejecución –cosa que le hace falta a Santos. No obstante, Vargas Lleras nunca sería un vicepresidente callado, obediente y dócil y eso siempre lo ha dejado en claro. Si es elegido como vicepresidente, Vargas Lleras tendrá que poder tener responsabilidades en áreas concretas que le permitan hacer lo que mejor sabe: ejecutar.

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Lo que afecta a Vargas Lleras es que a pesar de que suma votos, también los divide. No es ningún secreto los conflictos que ha tenido con varios alfiles importantes de la Mesa de Unidad Nacional como lo son Armando Bennedetti y Simón Gaviria.

Teniendo en cuenta el contexto actual del país, el General Naranjo sería una elección inteligente a la hora de pensar en los desafíos posteriores a la firma del acuerdo del Proceso de Paz. Sin embargo para poder continuar con esta bandera necesita aumentar su índice de favorabilidad y su conexión con el electorado. Aunque Naranjo sea de los personajes públicos más queridos por los colombianos, en tiempo de campaña no sumar votos pesa gravemente, cosa que Vargas Lleras sí tiene a su favor, lo que probablemente lo convierte en la estrategia electoral acertada.

No obstante, hace falta analizar un último factor en la ecuación. Santos no solo debe buscar el compañero que le asegure la victoria en las elecciones, o el que le favorezca en su imagen. El Presidente debe además, elegir al candidato que mejor lo pueda reemplazar en sus funciones -que finalmente es la única responsabilidad real que tiene un vicepresidente. En ese caso, ¿quién sería mejor presidente, Naranjo o Vargas Lleras?.

Trivia

Teniendo en cuenta las imágenes que se muestran a continuación, ¿podría organizar por edad de mayor a menor a estos personajes?

TRIVIA

Respuesta:

–        Juan Manuel Santos nació en 1951

–        Álvaro Uribe nació en 1952

–        Enrique Peñalosa nació en 1954 (Septiembre)

–        Andrés Pastrana nació en 1954 (Agosto)

–        Oscar Iván Zuluaga nació en 1959

–        Germán Vargas Lleras nació en 1962

Sorprendente como la imagen externa influye en nuestra percepción de alguien ¿verdad?

Protagonismo al candidato

Desde que se anunció que Oscar Iván Zuluaga sería el candidato del Centro Democrático para las elecciones Presidenciales del 2014, el exministro no ha parado de recibir críticas por todos los frentes. Lo que resulta desconcertante es que la última venga de un uribista pura sangre – como lo denominó el excolumnista de El Espectador, Ernesto Yamhure, en una nota publicada el lunes pasado: “No sigamos trasteando un yunque inservible. El fracaso de Zuluaga se empieza a sentir en la campaña de Congreso. Líderes regionales que me respaldan me lo han confirmado”, y agrega “Si el candidato del Centro Democrático no fuera un perfecto incompetente político, seguramente tendría opción de ser presidente de Colombia”. http://www.elespectador.com/noticias/politica/ernesto-yamhure-uribista-purasangre-arremetio-contra-os-articulo-472085

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Estas afirmaciones tan duras por parte de una persona que por su filiación política se esperaría debería apoyar al candidato escogido -a dedo por el mismo Uribe-, evidencian lo que ya se ha discutido muchas veces en tono de burla acerca de los problemas de imagen de Oscar Iván Zuluaga. Si los propios uribistas como Yamhure, empiezan a perder públicamente la esperanza en el candidato, inclusive antes de que se inicie oficialmente la campaña, Zuluaga tiene un futuro negro por delante.

Los problemas de imagen de Oscar Iván Zuluaga

Ser el candidato del expresidente ha probado ser un arma de doble filo: por un lado, sin su apoyo Zuluaga jamás hubiera sido nominado por parte del Centro Democrático, pero a su vez, estar opacado por la amplia sombra que proyecta Uribe es, probablemente, uno de los grandes factores que han contribuido a que el candidato presidencial, no despegue.

Uribe es una persona que se caracteriza por querer tener todo bajo control, y le ha dado a Zuluaga muy poco espacio de maniobra y autonomía para proyectarse como candidato y poca oportunidad para darse a conocer ante la opinión pública. Para muchos colombianos lo único claro es que el expresidente tiene un protegido, pero pocos realmente identifican quién es esa persona. Este obstáculo de por si es bastante difícil de superar, y a la campaña de Zuluaga se le está haciendo tarde para empezar a darle el protagonismo que  necesita, -si quieren tener algún chance de competir mano a mano con Juan Manuel Santos en los comicios del 25 de mayo.

A esto se le suma la pobre imagen externa que Zuluaga proyecta. Bajo ninguna circunstancia un candidato debería ser asociado con las palabras frágil, inseguro, cansado, viejo, sin carisma. Esta falta de cualidades positivas pesan, y han logrado opacar la preparación y méritos profesionales y personales de un personaje que puede estar listo para asumir las riendas del país si se le da la oportunidad. http://api.ning.com/files/xlFbAm*4lcfX*Ul*UBARXVxQnroXiZTtjNsZr-Dk5FueVFAYMNdSI17aJaVL4Dya3o4N8WE4l0kFZePDgEBtzN5AEsT8u45A/HojadeVidaOscarIvnZuluaga.pdf

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Adicionalmente, los medios de comunicación no han sido amables con el exministro. ¿Cómo es posible que la imagen que acompaña el artículo relacionado con la visita de Zuluaga a Pradera, después del ataque de las FARC, sea esta que se adjunta? En el texto de El Tiempo se afirma que “Zuluaga rechazó duramente el hecho”. ¿Es acaso esta la imagen de alguien que tiene fuerza para rechazar algo? ¿Realmente fue la mejor foto que se pudo tomar, o publicar, de la entrevista con Univisión? ¿Por qué nadie estaba al tanto de lo que estaba sucediendo con el candidato para corregir, entre otras fallas, el sentado quebradizo en medio de una plaza desierta, en una silla Rimax –cuyo color además se camufla con el pantalón de Zuluaga- con una postura cerrada de piernas y manos, acompañada de hombros caídos, que sólo ayudan a proyectar debilidad, cansancio e inseguridad por parte del candidato? Y el problema no es esta foto en particular, imágenes similares se encuentran por cantidades publicadas tanto en medios impresos como digitales. Encontrar una buena foto de Oscar Iván Zuluaga es muy difícil, inclusive en su misma página de campaña (http://www.oscarivanzuluaga.com/).

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Recientemente Zuluaga ha dicho que la campaña no ha empezado y que todavía está todo por hacer. Esperamos que no se esté equivocando con la apreciación de los tiempos. Ojalá la campaña cambie la estrategia y muestre a un candidato renovado, con una imagen más fresca y accesible que permita a los colombianos generar afinidad con él. Sería maravilloso encontrarse con Oscar Iván Zuluaga empoderado, protagonista de su propia campaña.

Este artículo tiene carácter de ultimátum. Si no hay un cambio ya, no son solo las elecciones las que están en juego, si no su futuro político en general. Uribe lo escogió convencido de que él sería la persona que derrotaría en las urnas a Juan Manuel Santos, o por lo menos el que le daría una buena pelea. De no conseguir una o la otra, es muy probable que después del 25 de mayo a Oscar Iván Zuluaga lo guarden en un rincón del cuarto de San Alejo, donde nadie nunca más se acordara de él.

Espejismos de la popularidad de Álvaro Uribe

Si algo teníamos claro en Politiqueando era que para las elecciones del 2014 habría una polarización casi tangible entre Álvaro Uribe –principal opositor de la actual administración- y Juan Manuel Santos. Sin embargo, desde hace un tiempo se ha venido creando lo que parece ser una nube de especulación sobre el verdadero apoyo a Uribe en estas elecciones, así como de su influencia en los resultados de los comicios de mayo. Pero, ¿qué tan real es esa aseveración? ¿será posible que esta percepción sea el resultado de una estrategia de comunicación?

Alvaro Uribe

Este año Uribe ha enfrentado lo que en comunicación política -y desde las últimas elecciones presidenciales estadounidenses- conocemos como “Bracketing”, u horquillado, una estrategia de boicoteo por parte de los portavoces de la oposición. En el último mes Uribe ha sido abucheado al comparecer en las Plazas Públicas de varias ciudades. Estos saboteos -indudable carnada para periodistas y redes sociales- pusieron en entre dicho su popularidad.

Sin embargo, a pesar de que estos últimos eventos fueron los que llamaron nuestra atención, no han sido la única evidencia de la posible pérdida de popularidad del exmandatario. De hecho, el 22 de enero el Partido Conservador de Antioquia respaldó públicamente la campaña de reelección del presidente Santos para la Convención que se celebró el pasado domingo. Es decir, el partido con la ideología más a fin al Centro Democrático y a Uribe –y región de donde él es oriundo- le dio la espalda. Esto para cualquier analista político es un acertijo y realmente pone –si no en evidencia- sí en cuestionamiento, la verdadera popularidad del expresidente.

Álvaro Uribe Vélez es de lejos el político más reconocido en Antioquia, región en la que debería encontrar más opciones para sacar una votación importante. Sin embargo, en un artículo publicado el 19 de enero por La Silla Vacía, quedó en evidencia la incertidumbre que representa esta región para las elecciones legislativas.  Si bien el fervor por Uribe existe, la falta de información sobre cómo apoyarlo electoralmente supone una amenaza importante; no solo es la figura de Uribe lo que está en la memoria histórica de los colombianos, sino el Partido de la “U” -que en ocasiones incluso se alcanzó a igualar a la “U” de Uribe. Es decir, un gran segmento del electorado no ha  desvinculado al exmandatario del Partido de la U, ni ha hecho la conexión entre el nuevo Centro Democrático y Uribe.

En ese mismo reportaje La Silla descubrió que existe además una divergencia entre Senado y Cámara en lo que respecta al Centro Democrático: la gente está segura que para Senado va a votar por Uribe (no por un partido), pero para Cámara los candidatos pueden ser elegidos entre el partido liberal, de la U o el conservador. Lo importante para este selecto electorado es votar por Uribe, pero Uribe empieza en el Senado y termina en el Senado; en la Cámara, el Centro Democrático no tiene líder ni quién arrastre la lista.

Uribe

No obstante, en la última encuesta publicada por la empresa Cifras y Conceptos en conjunto con Caracol Radio, para enero de este año Uribe ha gozado de un 54% de favorabilidad versus un 50% de Juan Manuel Santos. Vale la pena mencionar que, a comparación de los resultados arrojados para diciembre del 2013, Uribe bajó su índice de favorabilidad 12 puntos porcentuales (de 66%) mientras que Juan Manuel Santos subió 7 (de 43%); pero ¿es esta cifra lo suficientemente fidedigna para adelantarse a aseverar que en efecto sí ha bajado su popularidad? Además, la variación de 12 puntos porcentuales de un mes a otro, durante época de campaña no es significativa, tan solo delinea un posicionamiento y en este caso el de Uribe está claro: él sigue estando por encima del 50%.

Asimismo, vale la pena recalcar que la presencia de un expresidente de la República en una lista –además cerrada- para el Congreso es un hecho inédito en la historia del país y a pesar de que la percepción general es que como oposición Uribe no goza de la misma popularidad que mantuvo como mandatario, su presencia –y la de su partido- en estas elecciones no solo marcarán el paso y le darán el verdadero tire y afloje al gobierno, sino además, formarán el frente más importante de oposición que tendrá la administración 2014 -2018 (dado el caso que nuestros pronósticos se cumplan y Santos gane las elecciones).

Así pues, contra toda burbuja de especulación, el expresidente Uribe seguirá siendo una ficha importante en estas elecciones y si bien podríamos concluir que su popularidad no ha disminuido como se pretende hacer creer, su incidencia tampoco es la suficiente para bajar a Santos del trono, solo para crear un frente de oposición importante; sobre todo en el ámbito legislativo. Si no fuese así entonces, ¿para qué Ángela Robledo, cabeza de la lista verde a la Cámara de Representantes, promovería un pacto ético que prevenga un eventual acuerdo de la Alianza verde con Uribe? ¿Si Uribe no representa una amenaza para qué cerrarle las puertas?