Autor: laimprenta

Politóloga y especialista en periodismo de la Universidad de los Andes en Bogotá, Colombia. Con máster en comunicación política y corporativa de la Universidad de Navarra en España. Interesada en la política internacional, y sobre todo, en las campañas políticas.

El Paradigma de Juan Manuel Santos

Diez muertos, innumerables marchas en las principales ciudades, decenas de heridos, una inflación del 56,3% y una escasez del 28% invaden Venezuela mientras que en Colombia reina el silencio…

Opposition supporters demonstrate against Venezuela's President Nicolas Maduro's government in Caracas

La política está llena de paradigmas, contradicciones, encrucijadas y vías cerradas, pero no existe un factor más definitivo en la carrera de un político (o de un Presidente) que una crisis. Son las crisis las que ponen los ojos de la sociedad y del mundo en ellos. Son éstas las que se encargan de definir el potencial de Comandante en Jefe que tienen los candidatos, y las que ponen en evidencia su capacidad de reacción, empatía y gestión de respuesta. ¿Pero qué pasa cuando tenemos candidatos Presidentes?, ¿cuando su aspiración electoral entorpece su rol de líder?

El contexto lo puede ser todo en unas elecciones presidenciales y las crisis se convierten en el factor determinante en la construcción de la narrativa de los políticos. Por ejemplo, ¿habría tenido Bush hijo un segundo mandato asegurado si no hubiese sido por su rechazo inmediato al terrorismo y acompañamiento a las familias de las víctimas en el 11S?, o ¿la victoria de Barack Obama en las últimas elecciones presidenciales de no ser por su gestión durante y después de la devastación provocada por el Huracán Sandy?

Las crisis son clave gracias al alto factor emocional que comprenden. Es esto lo que realmente añade valor a sus respuestas. Para un ciudadano ver a sus líderes con las mangas remangadas hasta los codos y las botas llenas de lodo recogiendo escombros y ayudando a las víctimas, no tiene precio: lo humaniza y lo acerca a sus ciudadanos, creando una conexión emocional imprescindible para cualquier aspiración política.

Por esta razón, la falta de involucramiento del presidente Santos en la actual crisis de Venezuela desatada por las marchas de los estudiantes del 12 de febrero podría convertirse en una piedra en el zapato. Día a día los colombianos comparten videos, fotos, artículos y statements de compañeros venezolanos mostrando el repudio a la censura, la violación de los derechos humanos y la precaria situación que se vive actualmente en el vecino país.

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Mientras tanto, nuestro Presidente decidió mantenerse durante largo tiempo en la sombra… No fue sino hasta hace ocho días que hizo un llamado al diálogo entre el Gobierno y la oposición de Venezuela afirmando que estaba dispuesto a contribuir en cualquier acción que permitiera restablecer la estabilidad del país: “instamos al Gobierno y a la oposición a que dialoguen sin mirar para atrás y para que pueda haber un mínimo de reconciliación política…”. Si bien su intervención fue una táctica estratégicamente acertada –como candidato-, la situación necesita mucho más que un par de palabras políticamente correctas. La crisis en Venezuela requiere de acciones y liderazgo y sus palabras –como Presidente- no son suficientes.

De esta estrategia se entiende que salir a arremeter en contra del presidente Maduro significa poner en riesgo la bandera de su campaña: el Proceso de Paz, pero no hacerlo lleva a la gente a cuestionar ese factor emocional y humano tan importante para los ciudadanos –y determinante a la hora de votar. (El voto es una decisión completamente emocional)-. En materia electoral, tomar una política mucho más agresiva frente a la situación de Venezuela podría sumarse en votos para el candidato, votos de ciudadanos colombianos que llevan criticando con vehemencia al gobierno venezolano.

No obstante, no comparecer, no rechazar o no criticar el gobierno de Maduro es sin lugar a dudas, la estrategia más acertada para el Santos que quiere la reelección; es el camino fácil, es opinar sin señalar, comentar pero no involucrarse. Pero, ¿qué pasa cuando ya no estamos hablando de estrategias sino de seres humanos? Finalmente, el Santos presidente vendrá después del Santos candidato y ¿qué está comunicando el silencio del Presidente a los colombianos?

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Asimismo, los candidatos de la oposición han aprovechado el conflicto en Venezuela como una estrategia de campaña: el Polo mandó un comunicado de prensa apoyando al gobierno de Maduro y el ex presidente Uribe ha rechazado públicamente la gestión del presidente venezolano, incluso instando a los colombianos a conseguir un millón de firmas para apoyar a la oposición en Venezuela.

La situación ya es insostenible: o se instaura el modelo Castro-cubano, mediante el cual no quedarían rastros de las libertades ni garantías a los derechos humanos, o cae el gobierno de Maduro. En cualquier caso la situación es una bomba de tiempo, una que obligará a Santos a hablar; ya sea porque la oposición se lo exija, los colombianos lo pidan o la situación en Venezuela lo demande. Entre más tiempo se demore en comunicar de forma clara la posición de Colombia frente a los hechos que se están viviendo en Venezuela, menos actitudes de líder tendrá. En los momentos de crisis el timing lo es todo, y al cauteloso del candidato Santos ya se le hizo tarde.

El alfil de Santos

En época electoral hay ciertos hitos de campaña que son definitivos para los candidatos y sus estrategias: el lanzamiento de campaña, la elección de fórmula vicepresidencial y la apertura de la publicidad en campaña. En Colombia existe la concepción popular de que la elección de vicepresidente tiene poco impacto en la suerte electoral de un candidato. Sin embargo, ésta demuestra ser fundamental en la carrera por la silla en la Casa de Nariño y está determinada por el contexto que se viva en el país.

Definir quién será su compañero de campaña es una de las decisiones estratégicas más importantes que deberá tomar el candidato presidencial. Su decisión podría influir sobre los indecisos, mitigar ruidos mediáticos, reiterar políticas de campaña e incluso, hacerle guiños a ciertos segmentos del electorado: mujeres, jóvenes, empresarios, religiosos, etc.

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Pero el contexto también lo es todo en la decisión: la situación que se viva en ese momento en el país es definitiva para el candidato. Por ejemplo, en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses, el entonces candidato por el partido republicano, Mitt Romney, nombró como fórmula vicepresidencial a Paul Ryan, un Representante a la Cámara conocido por sus drásticos recortes fiscales. Sin duda alguna, un movimiento estratégico acertado teniendo en cuenta que una de las mayores críticas del gobierno de Obama fue el exceso – sino derroche- del gasto federal y consecuente impacto en la deuda pública.

Otro claro ejemplo fue el de Sarah Palin en las elecciones de 2008. Varios asesores le insistieron a John McCain que eligiera a Palin como compañera electoral con el argumento de que su presencia daría un impulso en la derecha religiosa, mientras que su estatus de desconocida en la escena política nacional le daría una sensación de novedad y frescura a una campaña con una imagen retrógrada y bastante conservadora. Además, con Palin, el partido republicano podría acercarse a un segmento de la población estadounidense que en general ha tenido la tendencia de votar por el partido Demócrata: las mujeres.

En Colombia no ha sido distinto. En el 2002 el entonces candidato presidencial, Álvaro Uribe Vélez, nombró al periodista Francisco Santos como candidato vicepresidencial. En ese entonces, la mayor preocupación para los colombianos era la derrota de la guerrilla, la recuperación de la seguridad y la lucha contra el secuestro, uno de los flagelos de guerra que más indignación ha despertado en la historia del país. Al nombrar a Francisco Santos, víctima de un secuestro, periodista, defensor de las libertades civiles y en ese entonces, presidente de la Fundación País Libre, Uribe ratificó, por un lado, la bandera de su campaña -la Política de Seguridad Democrática-; y por el otro, logró neutralizar las prevenciones de algunos sectores sobre la a imagen de mano dura de Uribe.

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Ahora bien, en el último mes se ha venido especulando quién podría ser la elección de Santos para vicepresidente. Dos nombres de alto nivel han resonado en los principales medios de comunicación y círculos políticos: el exministro German Vargas Lleras y el ex Director de la Policía Nacional, Oscar Naranjo. La decisión para Santos es clave. Según la encuesta de la Alianza de medios, la intención de voto para la reelección del Presidente está en 25%. Acertar en la elección de su compañero en la contienda puede ser definitivo para elevar ese indicador.

Los pros y los contras

Oscar Naranjo. Tal vez el mayor atributo que tiene Naranjo es su conocimiento y experiencia en temas de seguridad y de desarme, que indudablemente serán claves durante la etapa final del Proceso de Paz, y la primera del postconflicto. Asimismo, tenerlo a él en el equipo ayudará a Santos a contrarrestar los argumentos de quienes ponen en duda su mano firme con la guerrilla, sobre todo con lo que tiene que ver con las garantías para las víctimas y la seguridad en general. Además, el “Mejor policía del mundo” goza de una muy buena imagen –incluso mucho mejor que la del Presidente- a nivel nacional. No obstante, la popularidad de la imagen de Naranjo no se traduce en votos.

German Vargas Lleras. Vargas Lleras, por su parte, sí suma votos. No solo es considerado el mejor ministro que tuvo esta administración, también, es reconocido por su gran habilidad en gerencia y ejecución –cosa que le hace falta a Santos. No obstante, Vargas Lleras nunca sería un vicepresidente callado, obediente y dócil y eso siempre lo ha dejado en claro. Si es elegido como vicepresidente, Vargas Lleras tendrá que poder tener responsabilidades en áreas concretas que le permitan hacer lo que mejor sabe: ejecutar.

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Lo que afecta a Vargas Lleras es que a pesar de que suma votos, también los divide. No es ningún secreto los conflictos que ha tenido con varios alfiles importantes de la Mesa de Unidad Nacional como lo son Armando Bennedetti y Simón Gaviria.

Teniendo en cuenta el contexto actual del país, el General Naranjo sería una elección inteligente a la hora de pensar en los desafíos posteriores a la firma del acuerdo del Proceso de Paz. Sin embargo para poder continuar con esta bandera necesita aumentar su índice de favorabilidad y su conexión con el electorado. Aunque Naranjo sea de los personajes públicos más queridos por los colombianos, en tiempo de campaña no sumar votos pesa gravemente, cosa que Vargas Lleras sí tiene a su favor, lo que probablemente lo convierte en la estrategia electoral acertada.

No obstante, hace falta analizar un último factor en la ecuación. Santos no solo debe buscar el compañero que le asegure la victoria en las elecciones, o el que le favorezca en su imagen. El Presidente debe además, elegir al candidato que mejor lo pueda reemplazar en sus funciones -que finalmente es la única responsabilidad real que tiene un vicepresidente. En ese caso, ¿quién sería mejor presidente, Naranjo o Vargas Lleras?.

Espejismos de la popularidad de Álvaro Uribe

Si algo teníamos claro en Politiqueando era que para las elecciones del 2014 habría una polarización casi tangible entre Álvaro Uribe –principal opositor de la actual administración- y Juan Manuel Santos. Sin embargo, desde hace un tiempo se ha venido creando lo que parece ser una nube de especulación sobre el verdadero apoyo a Uribe en estas elecciones, así como de su influencia en los resultados de los comicios de mayo. Pero, ¿qué tan real es esa aseveración? ¿será posible que esta percepción sea el resultado de una estrategia de comunicación?

Alvaro Uribe

Este año Uribe ha enfrentado lo que en comunicación política -y desde las últimas elecciones presidenciales estadounidenses- conocemos como “Bracketing”, u horquillado, una estrategia de boicoteo por parte de los portavoces de la oposición. En el último mes Uribe ha sido abucheado al comparecer en las Plazas Públicas de varias ciudades. Estos saboteos -indudable carnada para periodistas y redes sociales- pusieron en entre dicho su popularidad.

Sin embargo, a pesar de que estos últimos eventos fueron los que llamaron nuestra atención, no han sido la única evidencia de la posible pérdida de popularidad del exmandatario. De hecho, el 22 de enero el Partido Conservador de Antioquia respaldó públicamente la campaña de reelección del presidente Santos para la Convención que se celebró el pasado domingo. Es decir, el partido con la ideología más a fin al Centro Democrático y a Uribe –y región de donde él es oriundo- le dio la espalda. Esto para cualquier analista político es un acertijo y realmente pone –si no en evidencia- sí en cuestionamiento, la verdadera popularidad del expresidente.

Álvaro Uribe Vélez es de lejos el político más reconocido en Antioquia, región en la que debería encontrar más opciones para sacar una votación importante. Sin embargo, en un artículo publicado el 19 de enero por La Silla Vacía, quedó en evidencia la incertidumbre que representa esta región para las elecciones legislativas.  Si bien el fervor por Uribe existe, la falta de información sobre cómo apoyarlo electoralmente supone una amenaza importante; no solo es la figura de Uribe lo que está en la memoria histórica de los colombianos, sino el Partido de la “U” -que en ocasiones incluso se alcanzó a igualar a la “U” de Uribe. Es decir, un gran segmento del electorado no ha  desvinculado al exmandatario del Partido de la U, ni ha hecho la conexión entre el nuevo Centro Democrático y Uribe.

En ese mismo reportaje La Silla descubrió que existe además una divergencia entre Senado y Cámara en lo que respecta al Centro Democrático: la gente está segura que para Senado va a votar por Uribe (no por un partido), pero para Cámara los candidatos pueden ser elegidos entre el partido liberal, de la U o el conservador. Lo importante para este selecto electorado es votar por Uribe, pero Uribe empieza en el Senado y termina en el Senado; en la Cámara, el Centro Democrático no tiene líder ni quién arrastre la lista.

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No obstante, en la última encuesta publicada por la empresa Cifras y Conceptos en conjunto con Caracol Radio, para enero de este año Uribe ha gozado de un 54% de favorabilidad versus un 50% de Juan Manuel Santos. Vale la pena mencionar que, a comparación de los resultados arrojados para diciembre del 2013, Uribe bajó su índice de favorabilidad 12 puntos porcentuales (de 66%) mientras que Juan Manuel Santos subió 7 (de 43%); pero ¿es esta cifra lo suficientemente fidedigna para adelantarse a aseverar que en efecto sí ha bajado su popularidad? Además, la variación de 12 puntos porcentuales de un mes a otro, durante época de campaña no es significativa, tan solo delinea un posicionamiento y en este caso el de Uribe está claro: él sigue estando por encima del 50%.

Asimismo, vale la pena recalcar que la presencia de un expresidente de la República en una lista –además cerrada- para el Congreso es un hecho inédito en la historia del país y a pesar de que la percepción general es que como oposición Uribe no goza de la misma popularidad que mantuvo como mandatario, su presencia –y la de su partido- en estas elecciones no solo marcarán el paso y le darán el verdadero tire y afloje al gobierno, sino además, formarán el frente más importante de oposición que tendrá la administración 2014 -2018 (dado el caso que nuestros pronósticos se cumplan y Santos gane las elecciones).

Así pues, contra toda burbuja de especulación, el expresidente Uribe seguirá siendo una ficha importante en estas elecciones y si bien podríamos concluir que su popularidad no ha disminuido como se pretende hacer creer, su incidencia tampoco es la suficiente para bajar a Santos del trono, solo para crear un frente de oposición importante; sobre todo en el ámbito legislativo. Si no fuese así entonces, ¿para qué Ángela Robledo, cabeza de la lista verde a la Cámara de Representantes, promovería un pacto ético que prevenga un eventual acuerdo de la Alianza verde con Uribe? ¿Si Uribe no representa una amenaza para qué cerrarle las puertas?

¿Santos o no Santos?

Este domingo 26 de enero el Partido Conservador se la juega toda. Tendrá que definir lo que lleva dilatando desde hace un año:  respaldar o no la reelección del presidente Juan Manuel Santos. La disyuntiva no es fácil: optar por lo más eficiente en términos de estrategia, o darle prioridad a su ideología contribuyendo a su credibilidad como partido autónomo.  A final de cuentas, pareciera que lo que hay que ganar es poco y lo que tienen que perder es mucho.

¿Qué está en juego? Por un lado, la posible pérdida de autoridad y participación dentro de la coalición que gobierna a Colombia; y por el otro, la convicción del partido sobre ciertos temas en los que discrepa con el Gobierno –como el proceso de paz-, legitimando su ideología y visión de partido a futuro.

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Fuente de la foto: Revista Semana

Por eso decidimos poner las cartas sobre la mesa y analizar cada uno de los factores que aquejan a esta importante organización, para entender realmente qué es lo que tienen que perder –o ganar- si se suben o no al carro de la reelección:

“Sánduche” de la polarización

Si bien en la actualidad el conservatismo es el segundo partido con más representantes en el Congreso de la República, así como una pieza importante en la coalición de Gobierno, también es cierto que fue uno de los apoyos más significativos de Uribe en su época.  De hecho en 2006, el partido apoyó su reelección, convirtiéndose en la segunda organización política más grande de la coalición, lo que indudablemente fue una estrategia ganadora.

Ahora, a pesar de seguir siendo parte de la Unidad Nacional, los dirigentes políticos conservadores han manifestado constantemente su desacuerdo con la gestión del Presidente en lo referente al Proceso de Paz. Los bandos ya se han formado, generando una sensación de que quienes apoyan a Santos apuestan por el Proceso de Paz. ¿Se podría decir entonces, que quienes quieren candidato propio no creen en el proceso?

Foto sacada de revista Semana http://www.semana.com/nacion/articulo/partido-conservador-elecciones-2014-santos-uribe/364067-3

A esto habría que sumarle que la balanza parece haberse inclinado hacia la reelección: no solo La Silla Vacía denunció una presunta intervención por parte del Presidente a los resultados de votación en la convención; sino además, el Partido Conservador de Antioquia anunció su apoyo definitivo al Presidente. ¿Estará ya pactada la votación?

En este orden de ideas, lo que les queda de consuelo a las bases –que sí quieren candidato propio—es que las cabezas del Partido están con ellos.

Sin embargo, la gran élite parlamentaria no, y no es ningún secreto que la interlocución del gobierno se hará directamente con la bancada del Congreso.

“Presunta” pérdida de participación política

El creciente descontento que se ha generado entre los azules con el gobierno del Presidente Santos no es un secreto. Los conservadores sienten que no han sido tratados justamente en términos de burocracia; y ninguno ha callado su decepción, incluso desde el momento en que Santos anunció su equipo para el Proceso de Paz -y no nombró a ningún conservador- hasta el anuncio de su equipo de reelección.

A esto los conservadores le han llamado un tratamiento “de tercera” y la carta que envió la precandidata Marta Lucía Ramírez a Efraín Cepeda lo demuestra. En ella insistió que el Partido debía salirse de la Unidad Nacional para comenzar un nuevo proyecto con un candidato propio “principalmente porque la alianza electoral con el Presidente no incluye a los conservadores” y que si eso no es razón suficiente, lo hagan porque no es coherente apoyar a un Jefe de Estado que “ha recibido apoyo de las FARC”, una clara alusión a los diálogos en la Habana.

Ideología vs. lo estratégicamente conveniente

Los referentes a ideología siempre son un tema de fondo. Para muchos de sus dirigentes, el objetivo es devolverle al partido la autonomía y autoridad política de la que gozó hace un tiempo. Esto significa ser fieles a sus convicciones, tener una carta política clara y unas bases que la apoyen y la promulguen con convicción. Esto significa no ceder en temas que son cruciales para ellos –como el proceso de paz y la reelección. Además, le devolverían al partido cierta legitimidad y –tal vez- empezaría a mermar la idea de muchos colombianos de que los partidos de este país solo se juntan y se separan para ver quién se queda con el pedazo más grande de la torta.

Entonces, ¿qué pasa si votan por un candidato propio?

Ahora bien, si este domingo los conservadores deciden ser fieles a su convicción de partido, de realmente representar los intereses de una colectividad siendo leales a su carta política optando por un candidato propio, probablemente fortalecerían sus bases y entrarían a competir con una posición de mayor protagonismo creándole al Presidente una oposición importante (2.000.000 de votos) durante las elecciones, y en caso de que entraran apoyar al Centro Democrático, una muy importante en el Congreso.

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Mientras tanto, si se suman al carro de la reelección, mantendrían unidos y fortalecidos a sus alfiles en el Congreso, permanecerían dentro de la coalición que gobierna a Colombia –al final es mejor jugar con los populares que estar sentados en el banquillo—y, permanecerían en la coalición que gobierna el país. Al final es un tema de ideología o estrategia política.

En Politiqueando creemos que las fichas están dadas y el partido Conservador se unirá a la ola de apoyo del presidente Santos.

Fuente de la foto: Revista Semana

Comenzó la partida…

Hora de empezar a destapar las cartas, se acercan las elecciones presidenciales y es el momento para a hacer las apuestas por los candidatos que hacen parte de la contienda. A escasos meses de que los colombianos se acerquen a las urnas para elegir al siguiente mandatario que nos guiará por los próximos cuatro años, se empieza a fraguar el entorno y panorama político que determinará quién ocupará la silla en la Casa de Nariño. Si algo han demostrado estas primeras semanas del 2014 es que la competencia será intensa y ardua. Además, a pesar de que la comunicación de campaña parece estar cantada, se entrelazan varios factores de coyuntura que serán determinantes en los resultados de los comicios de mayo.

Estamos empezando la carrera, y todavía hay espacio para muchas sorpresas, mientras tanto así vemos las cosas:

Los candidatos

 El Presidente

Juan Manuel SantosA la fecha, el favorito de los colombianos. Si bien enfrentó una importante caída en su índice de favorabilidad como consecuencia del paro agrario en el último semestre de 2013 (entre otros factores), el gobierno se ha encargado de comunicar con vehemencia sus principales logros: una reducción importante en la tasa de desempleo ahora en 8,5; y una disminución en la inflación, que según cifras del Dane, fue de 1,94% en 2013, la más baja en los últimos 50 años del país.

Oscar Iván Zuluaga

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Aunque a la fecha parece ser el que le dará la batalla al Presidente, su  índice de intención de voto en las últimas encuestas realizadas por Gallup en diciembre de 2013, es del 13,6%. Zuluaga, fiel escudero del expresidente Álvaro Uribe y oriundo de Caldas, representa la fuerza de oposición más grande del gobierno de Santos y promesa del retorno de la Seguridad Democrática a un país en pleno proceso de paz.

El mayor problema que enfrenta OIZ es que aún no goza de un reconocimiento público que logre darle el empujón que necesita para realmente impulsar su candidatura. Además, sufre de lo mismo que en 2010 impulsó a Santos y hoy en día parece ser un arma de doble filo: no se sabe dónde empieza Zuluaga y donde acaba Uribe.

Partido Verde

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Logrando levantar el ánimo de miles de jóvenes colombianos tras una “Ola Verde” hace cuatro años, el Partido

Verde se encuentra profundamente dividido entre la salida de Antans Mockus, el distanciamiento de Sergio Fajardo y la Alianza con los Progresistas. No obstante, el partido sigue teniendo una representación importante en ambas cámaras.

Enrique Peñalosa. Si bien ya ganó un primer pulso en la Alianza Verde al lograr que las directivas aceptaran la posibilidad de una consulta interna, no ha descartado públicamente la posibilidad de que también aspire a la silla en el Palacio Liévano. Si entra en la contienda presidencial tendrá que competir con Camilo Romero, Feliciano Valencia, Ingrid Betancourt y John Sudarsky.

Clara López

Clara López

En la pasada encuesta del Centro Nacional de Consultoría, su índice de intención de voto se encontraba en el 7%. Aunque con pocas posibilidades de crear una candidatura de oposición importante –a no ser de que se forje una alianza de izquierdas—su mayor arma es la oposición que puede implementar –y cuya estrategia comienza a dilucidarse—en materia de comunicación durante la contienda electoral.

Martha Lucía Ramírez

Marta Lucía Ramírez

El Partido Conservador hasta ahora no ha definido cómo va a participar en los comicios de mayo y a la fecha solo existe una precandidata, MLR. La lucha entre quienes están con el Presidente, quienes se alinean con el Centro Democrático de Uribe y quienes quieren presentar un candidato propio, amenazan la unión del partido y por tanto, su participación en las elecciones.

La comunicación

Cuando en una contienda electoral uno de los candidatos es el Presidente electo, la comunicación de campaña tiende a estar pactada: el Gobierno se encarga de cantar sus logros y la oposición de minimizarlos y cuestionarlos. En esta ocasión las reglas parecen mantenerse. La campaña del Presidente de la República –así como la de su oposición- no tomaron vacaciones. En contadas ocasiones, la Casa de Nariño comunicó los resultados en la reducción de la pobreza, disminución de la violencia en varios Municipios del país y la baja tasa de inflación.

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Mientras tanto, la oposición –tanto de la izquierda como de la derecha- ha hecho del tema de las garantías su principal crítica. Por un lado, el Centro Democrático, continua luchado con las autoridades electorales para lograr hacer del “Uribismo” una palabra aceptable en el tarjetón de votación con foto y nombre de su líder.  Paralelamente, la izquierda inició el año haciendo críticas contra el Consejo Nacional Electoral (CNE) por no haber girado el dinero de los anticipos para la campaña. Clara López se ha centrado en recalcar las “contradicciones entre el discurso oficial y la realidad nacional” pues para el Polo Democrático el entusiasmo con que el Gobierno ha promocionado sus logros en disminución de la pobreza ignora mucho de la realidad: “Las cifras de Santos y Uribe son todas falsos positivos mediáticos”.

¿Qué viene?

¿Qué podemos esperar en materia de comunicación en estas elecciones? Un Presidente buscando acercarse más al pueblo, (sobre todo teniendo en cuenta que su mayor oposición viene del expresidente más carismático y de los más queridos en la historia de Colombia); a un Oscar Iván Zuluaga cuestionando los procesos, garantías y participación de las FARC en el proceso de Paz; y a una izquierda rezagada cuya posibilidad de unión para crear un solo frente parece un espejismo –a no ser de que encuentren en la destitución de Gustavo Petro una defensa común.

En el caso del Centro Democrático no cabe dudas de que la estrategia de campaña se centrará en la memoria histórica: recordarle a los colombianos la tranquilidad resultada de la Política de Seguridad Democrática (PSD) y la mano fuerte. Teniendo en cuenta que la mitad de la población apoya un proceso de paz, Oscar Iván Zuluaga tendrá que exponer su posición de mano dura bajo el paraguas de la PSD, afirmando que no está en desacuerdo con un proceso de paz, sino con un cambio en las condiciones del proceso. Entre menos tenga que debatir sobre el proceso de paz, mejor.

Adicionalmente, vale la pena recalcar que el Presidente tiene 10 días hábiles para emitir el decreto que avale la destitución del Alcalde de Bogotá,  situación que afectará de manera directa a las elecciones presidenciales -sobre todo al Presidente-, ya sea porque los que apoyen a Petro condenen su intervención, porque le toque enfrentar las elecciones con una capital sin cabeza, o porque su (obligatoria) participación en el proceso de destitución y denominación de un reemplazo envalentone a la izquierda con la formación de un solo frente, y por tanto, una oposición más fuerte.

El término que tiene el mandatario para pronunciarse sobre el futuro de Petro viene acompañado de dos pequeñas trampas, en el plano nacional se está a la espera de la respuesta judicial ante las múltiples tutelas interpuestas por los ciudadanos que pretenden defender su derecho de voto y los derechos políticos del Alcalde. Sumado a que en el plano internacional la Comisión Interamericana de Derechos Humanos también ha de pronunciarse sobre las medidas cautelares que se deben aplicar al fallo de la Procuraduría. Todo lo anterior tendrá una repercusión importantísima en las elecciones presidenciales, especialmente cuando la destitución llega en medio de un pulso entre el Gobierno y el Procurador. A esto habría que agregarle que Ordoñez se ha convertido en uno de los más influyentes críticos del proceso de Paz, la principal bandera de campaña del Presidente.

A final de cuentas, pase lo que pase con Petro, Santos y sus asesores tendrán que tratar la situación con pinzas, puesto que la decisión del Procurador ha desatado una fuerte polémica en la capital, donde parte de la ciudadanía a respondido a las convocatorias hechas por el Alcalde en la Plaza de Bolívar. Y  ¿para qué decirnos mentiras? El fuerte de Santos no es lidiar con los ciudadanos en la calle, como ya lo ha demostrado en ocasiones anteriores.

¡Nace Politiqueando!

Politiqueando

¡Tenemos ganas de expresar nuestras ideas! ¿Sobre qué en particular? La política colombiana, ¡nos apasiona!

En este país pasan tantas cosas en un solo día, que los temas para opinar parecen no tener fin. Este espacio esta concebido para que las conjeturas, frustraciones, sorpresas, iras y demás sentimientos que nos producen los eventos diarios de la política de nuestro país salgan de las salas de nuestras casas, dejen de aparecer únicamente en los cafés de nuestras ciudades, y pasen a tener sentido, a tener un propósito, que cobren vida y aporten a nuestra sociedad.

Además, estamos en año de elecciones y el panorama político apenas se está esclareciendo. Cámara, Senado, Parlamento Andino, Presidenciales y probablemente Alcaldía de Bogotá. Las fichas parecen estar por fin cayendo en sus posiciones definitivas, pero quién sabe, hasta finales de enero, ¡todavía se pueden presentar sorpresas! Este será el tema, el eje central del blog, por lo menos hasta el 25 de mayo de este año, de ahí en adelante nos ocuparemos de lo demás.

Los queremos invitar a que nos escriban igualmente. La opinión de ustedes, especialmente la de los jóvenes colombianos -en su mayoría apáticos y un poco ajenos a los temas políticos- son relevantes. No es un cliché, es una realidad afirmar que el futuro de este país nos pertenece, es hora de que empecemos a entender de dónde venimos, y qué está pasando actualmente, para poder empezar a dilucidar qué nos depara el futuro. Y así poder decidir, ¿queremos el futuro que nos están construyendo, o preferimos empezar a intervenir para construir el futuro que consideramos merecer?

Esperamos que les gusten los artículos, y si no están de acuerdo, por favor, háganoslo saber. Garantizamos que nuestras opiniones siempre estarán basadas en investigaciones y argumentos válidos, pero no todos tenemos que pensar igual. En la heterogeneidad encontramos la verdad.

¡Bienvenidos!