Estrategias de campaña

El Paradigma de Juan Manuel Santos

Diez muertos, innumerables marchas en las principales ciudades, decenas de heridos, una inflación del 56,3% y una escasez del 28% invaden Venezuela mientras que en Colombia reina el silencio…

Opposition supporters demonstrate against Venezuela's President Nicolas Maduro's government in Caracas

La política está llena de paradigmas, contradicciones, encrucijadas y vías cerradas, pero no existe un factor más definitivo en la carrera de un político (o de un Presidente) que una crisis. Son las crisis las que ponen los ojos de la sociedad y del mundo en ellos. Son éstas las que se encargan de definir el potencial de Comandante en Jefe que tienen los candidatos, y las que ponen en evidencia su capacidad de reacción, empatía y gestión de respuesta. ¿Pero qué pasa cuando tenemos candidatos Presidentes?, ¿cuando su aspiración electoral entorpece su rol de líder?

El contexto lo puede ser todo en unas elecciones presidenciales y las crisis se convierten en el factor determinante en la construcción de la narrativa de los políticos. Por ejemplo, ¿habría tenido Bush hijo un segundo mandato asegurado si no hubiese sido por su rechazo inmediato al terrorismo y acompañamiento a las familias de las víctimas en el 11S?, o ¿la victoria de Barack Obama en las últimas elecciones presidenciales de no ser por su gestión durante y después de la devastación provocada por el Huracán Sandy?

Las crisis son clave gracias al alto factor emocional que comprenden. Es esto lo que realmente añade valor a sus respuestas. Para un ciudadano ver a sus líderes con las mangas remangadas hasta los codos y las botas llenas de lodo recogiendo escombros y ayudando a las víctimas, no tiene precio: lo humaniza y lo acerca a sus ciudadanos, creando una conexión emocional imprescindible para cualquier aspiración política.

Por esta razón, la falta de involucramiento del presidente Santos en la actual crisis de Venezuela desatada por las marchas de los estudiantes del 12 de febrero podría convertirse en una piedra en el zapato. Día a día los colombianos comparten videos, fotos, artículos y statements de compañeros venezolanos mostrando el repudio a la censura, la violación de los derechos humanos y la precaria situación que se vive actualmente en el vecino país.

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Mientras tanto, nuestro Presidente decidió mantenerse durante largo tiempo en la sombra… No fue sino hasta hace ocho días que hizo un llamado al diálogo entre el Gobierno y la oposición de Venezuela afirmando que estaba dispuesto a contribuir en cualquier acción que permitiera restablecer la estabilidad del país: “instamos al Gobierno y a la oposición a que dialoguen sin mirar para atrás y para que pueda haber un mínimo de reconciliación política…”. Si bien su intervención fue una táctica estratégicamente acertada –como candidato-, la situación necesita mucho más que un par de palabras políticamente correctas. La crisis en Venezuela requiere de acciones y liderazgo y sus palabras –como Presidente- no son suficientes.

De esta estrategia se entiende que salir a arremeter en contra del presidente Maduro significa poner en riesgo la bandera de su campaña: el Proceso de Paz, pero no hacerlo lleva a la gente a cuestionar ese factor emocional y humano tan importante para los ciudadanos –y determinante a la hora de votar. (El voto es una decisión completamente emocional)-. En materia electoral, tomar una política mucho más agresiva frente a la situación de Venezuela podría sumarse en votos para el candidato, votos de ciudadanos colombianos que llevan criticando con vehemencia al gobierno venezolano.

No obstante, no comparecer, no rechazar o no criticar el gobierno de Maduro es sin lugar a dudas, la estrategia más acertada para el Santos que quiere la reelección; es el camino fácil, es opinar sin señalar, comentar pero no involucrarse. Pero, ¿qué pasa cuando ya no estamos hablando de estrategias sino de seres humanos? Finalmente, el Santos presidente vendrá después del Santos candidato y ¿qué está comunicando el silencio del Presidente a los colombianos?

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Asimismo, los candidatos de la oposición han aprovechado el conflicto en Venezuela como una estrategia de campaña: el Polo mandó un comunicado de prensa apoyando al gobierno de Maduro y el ex presidente Uribe ha rechazado públicamente la gestión del presidente venezolano, incluso instando a los colombianos a conseguir un millón de firmas para apoyar a la oposición en Venezuela.

La situación ya es insostenible: o se instaura el modelo Castro-cubano, mediante el cual no quedarían rastros de las libertades ni garantías a los derechos humanos, o cae el gobierno de Maduro. En cualquier caso la situación es una bomba de tiempo, una que obligará a Santos a hablar; ya sea porque la oposición se lo exija, los colombianos lo pidan o la situación en Venezuela lo demande. Entre más tiempo se demore en comunicar de forma clara la posición de Colombia frente a los hechos que se están viviendo en Venezuela, menos actitudes de líder tendrá. En los momentos de crisis el timing lo es todo, y al cauteloso del candidato Santos ya se le hizo tarde.

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¿Santos o no Santos?

Este domingo 26 de enero el Partido Conservador se la juega toda. Tendrá que definir lo que lleva dilatando desde hace un año:  respaldar o no la reelección del presidente Juan Manuel Santos. La disyuntiva no es fácil: optar por lo más eficiente en términos de estrategia, o darle prioridad a su ideología contribuyendo a su credibilidad como partido autónomo.  A final de cuentas, pareciera que lo que hay que ganar es poco y lo que tienen que perder es mucho.

¿Qué está en juego? Por un lado, la posible pérdida de autoridad y participación dentro de la coalición que gobierna a Colombia; y por el otro, la convicción del partido sobre ciertos temas en los que discrepa con el Gobierno –como el proceso de paz-, legitimando su ideología y visión de partido a futuro.

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Fuente de la foto: Revista Semana

Por eso decidimos poner las cartas sobre la mesa y analizar cada uno de los factores que aquejan a esta importante organización, para entender realmente qué es lo que tienen que perder –o ganar- si se suben o no al carro de la reelección:

“Sánduche” de la polarización

Si bien en la actualidad el conservatismo es el segundo partido con más representantes en el Congreso de la República, así como una pieza importante en la coalición de Gobierno, también es cierto que fue uno de los apoyos más significativos de Uribe en su época.  De hecho en 2006, el partido apoyó su reelección, convirtiéndose en la segunda organización política más grande de la coalición, lo que indudablemente fue una estrategia ganadora.

Ahora, a pesar de seguir siendo parte de la Unidad Nacional, los dirigentes políticos conservadores han manifestado constantemente su desacuerdo con la gestión del Presidente en lo referente al Proceso de Paz. Los bandos ya se han formado, generando una sensación de que quienes apoyan a Santos apuestan por el Proceso de Paz. ¿Se podría decir entonces, que quienes quieren candidato propio no creen en el proceso?

Foto sacada de revista Semana http://www.semana.com/nacion/articulo/partido-conservador-elecciones-2014-santos-uribe/364067-3

A esto habría que sumarle que la balanza parece haberse inclinado hacia la reelección: no solo La Silla Vacía denunció una presunta intervención por parte del Presidente a los resultados de votación en la convención; sino además, el Partido Conservador de Antioquia anunció su apoyo definitivo al Presidente. ¿Estará ya pactada la votación?

En este orden de ideas, lo que les queda de consuelo a las bases –que sí quieren candidato propio—es que las cabezas del Partido están con ellos.

Sin embargo, la gran élite parlamentaria no, y no es ningún secreto que la interlocución del gobierno se hará directamente con la bancada del Congreso.

“Presunta” pérdida de participación política

El creciente descontento que se ha generado entre los azules con el gobierno del Presidente Santos no es un secreto. Los conservadores sienten que no han sido tratados justamente en términos de burocracia; y ninguno ha callado su decepción, incluso desde el momento en que Santos anunció su equipo para el Proceso de Paz -y no nombró a ningún conservador- hasta el anuncio de su equipo de reelección.

A esto los conservadores le han llamado un tratamiento “de tercera” y la carta que envió la precandidata Marta Lucía Ramírez a Efraín Cepeda lo demuestra. En ella insistió que el Partido debía salirse de la Unidad Nacional para comenzar un nuevo proyecto con un candidato propio “principalmente porque la alianza electoral con el Presidente no incluye a los conservadores” y que si eso no es razón suficiente, lo hagan porque no es coherente apoyar a un Jefe de Estado que “ha recibido apoyo de las FARC”, una clara alusión a los diálogos en la Habana.

Ideología vs. lo estratégicamente conveniente

Los referentes a ideología siempre son un tema de fondo. Para muchos de sus dirigentes, el objetivo es devolverle al partido la autonomía y autoridad política de la que gozó hace un tiempo. Esto significa ser fieles a sus convicciones, tener una carta política clara y unas bases que la apoyen y la promulguen con convicción. Esto significa no ceder en temas que son cruciales para ellos –como el proceso de paz y la reelección. Además, le devolverían al partido cierta legitimidad y –tal vez- empezaría a mermar la idea de muchos colombianos de que los partidos de este país solo se juntan y se separan para ver quién se queda con el pedazo más grande de la torta.

Entonces, ¿qué pasa si votan por un candidato propio?

Ahora bien, si este domingo los conservadores deciden ser fieles a su convicción de partido, de realmente representar los intereses de una colectividad siendo leales a su carta política optando por un candidato propio, probablemente fortalecerían sus bases y entrarían a competir con una posición de mayor protagonismo creándole al Presidente una oposición importante (2.000.000 de votos) durante las elecciones, y en caso de que entraran apoyar al Centro Democrático, una muy importante en el Congreso.

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Mientras tanto, si se suman al carro de la reelección, mantendrían unidos y fortalecidos a sus alfiles en el Congreso, permanecerían dentro de la coalición que gobierna a Colombia –al final es mejor jugar con los populares que estar sentados en el banquillo—y, permanecerían en la coalición que gobierna el país. Al final es un tema de ideología o estrategia política.

En Politiqueando creemos que las fichas están dadas y el partido Conservador se unirá a la ola de apoyo del presidente Santos.

Fuente de la foto: Revista Semana