Oscar Naranjo

El alfil de Santos

En época electoral hay ciertos hitos de campaña que son definitivos para los candidatos y sus estrategias: el lanzamiento de campaña, la elección de fórmula vicepresidencial y la apertura de la publicidad en campaña. En Colombia existe la concepción popular de que la elección de vicepresidente tiene poco impacto en la suerte electoral de un candidato. Sin embargo, ésta demuestra ser fundamental en la carrera por la silla en la Casa de Nariño y está determinada por el contexto que se viva en el país.

Definir quién será su compañero de campaña es una de las decisiones estratégicas más importantes que deberá tomar el candidato presidencial. Su decisión podría influir sobre los indecisos, mitigar ruidos mediáticos, reiterar políticas de campaña e incluso, hacerle guiños a ciertos segmentos del electorado: mujeres, jóvenes, empresarios, religiosos, etc.

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Pero el contexto también lo es todo en la decisión: la situación que se viva en ese momento en el país es definitiva para el candidato. Por ejemplo, en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses, el entonces candidato por el partido republicano, Mitt Romney, nombró como fórmula vicepresidencial a Paul Ryan, un Representante a la Cámara conocido por sus drásticos recortes fiscales. Sin duda alguna, un movimiento estratégico acertado teniendo en cuenta que una de las mayores críticas del gobierno de Obama fue el exceso – sino derroche- del gasto federal y consecuente impacto en la deuda pública.

Otro claro ejemplo fue el de Sarah Palin en las elecciones de 2008. Varios asesores le insistieron a John McCain que eligiera a Palin como compañera electoral con el argumento de que su presencia daría un impulso en la derecha religiosa, mientras que su estatus de desconocida en la escena política nacional le daría una sensación de novedad y frescura a una campaña con una imagen retrógrada y bastante conservadora. Además, con Palin, el partido republicano podría acercarse a un segmento de la población estadounidense que en general ha tenido la tendencia de votar por el partido Demócrata: las mujeres.

En Colombia no ha sido distinto. En el 2002 el entonces candidato presidencial, Álvaro Uribe Vélez, nombró al periodista Francisco Santos como candidato vicepresidencial. En ese entonces, la mayor preocupación para los colombianos era la derrota de la guerrilla, la recuperación de la seguridad y la lucha contra el secuestro, uno de los flagelos de guerra que más indignación ha despertado en la historia del país. Al nombrar a Francisco Santos, víctima de un secuestro, periodista, defensor de las libertades civiles y en ese entonces, presidente de la Fundación País Libre, Uribe ratificó, por un lado, la bandera de su campaña -la Política de Seguridad Democrática-; y por el otro, logró neutralizar las prevenciones de algunos sectores sobre la a imagen de mano dura de Uribe.

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Ahora bien, en el último mes se ha venido especulando quién podría ser la elección de Santos para vicepresidente. Dos nombres de alto nivel han resonado en los principales medios de comunicación y círculos políticos: el exministro German Vargas Lleras y el ex Director de la Policía Nacional, Oscar Naranjo. La decisión para Santos es clave. Según la encuesta de la Alianza de medios, la intención de voto para la reelección del Presidente está en 25%. Acertar en la elección de su compañero en la contienda puede ser definitivo para elevar ese indicador.

Los pros y los contras

Oscar Naranjo. Tal vez el mayor atributo que tiene Naranjo es su conocimiento y experiencia en temas de seguridad y de desarme, que indudablemente serán claves durante la etapa final del Proceso de Paz, y la primera del postconflicto. Asimismo, tenerlo a él en el equipo ayudará a Santos a contrarrestar los argumentos de quienes ponen en duda su mano firme con la guerrilla, sobre todo con lo que tiene que ver con las garantías para las víctimas y la seguridad en general. Además, el “Mejor policía del mundo” goza de una muy buena imagen –incluso mucho mejor que la del Presidente- a nivel nacional. No obstante, la popularidad de la imagen de Naranjo no se traduce en votos.

German Vargas Lleras. Vargas Lleras, por su parte, sí suma votos. No solo es considerado el mejor ministro que tuvo esta administración, también, es reconocido por su gran habilidad en gerencia y ejecución –cosa que le hace falta a Santos. No obstante, Vargas Lleras nunca sería un vicepresidente callado, obediente y dócil y eso siempre lo ha dejado en claro. Si es elegido como vicepresidente, Vargas Lleras tendrá que poder tener responsabilidades en áreas concretas que le permitan hacer lo que mejor sabe: ejecutar.

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Lo que afecta a Vargas Lleras es que a pesar de que suma votos, también los divide. No es ningún secreto los conflictos que ha tenido con varios alfiles importantes de la Mesa de Unidad Nacional como lo son Armando Bennedetti y Simón Gaviria.

Teniendo en cuenta el contexto actual del país, el General Naranjo sería una elección inteligente a la hora de pensar en los desafíos posteriores a la firma del acuerdo del Proceso de Paz. Sin embargo para poder continuar con esta bandera necesita aumentar su índice de favorabilidad y su conexión con el electorado. Aunque Naranjo sea de los personajes públicos más queridos por los colombianos, en tiempo de campaña no sumar votos pesa gravemente, cosa que Vargas Lleras sí tiene a su favor, lo que probablemente lo convierte en la estrategia electoral acertada.

No obstante, hace falta analizar un último factor en la ecuación. Santos no solo debe buscar el compañero que le asegure la victoria en las elecciones, o el que le favorezca en su imagen. El Presidente debe además, elegir al candidato que mejor lo pueda reemplazar en sus funciones -que finalmente es la única responsabilidad real que tiene un vicepresidente. En ese caso, ¿quién sería mejor presidente, Naranjo o Vargas Lleras?.